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Por qué el shot peening
debe ser automático 
y controlado

Informe técnico

Por qué el shot peening debe ser automático y controlado

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CONTROL DE PROCESO

Repetibilidad, trazabilidad y por qué un proceso «a ojo» no sirve en piezas de fatiga

El shot peening tiene una particularidad incómoda: no se ve. A diferencia de una soldadura o un mecanizado, una pieza mal granallada se ve igual que una bien granallada. El defecto es invisible hasta que la pieza falla por fatiga en servicio, que es exactamente el modo de falla que el proceso venía a evitar. Por eso, en componentes donde la fatiga importa, el shot peening no es «tirar granalla sobre una pieza»: es un proceso que debe estar especificado, medido y ser repetible. Este informe explica qué significa eso y por qué un proceso manual o «a ojo» no alcanza.

Qué significa un proceso «controlado»

Controlar el shot peening es fijar y verificar sus dos variables de resultado en cada pieza: la intensidad, medida con probeta Almen, y la cobertura, el porcentaje de superficie efectivamente impactado. No basta con medirlas una vez en una pieza de prueba: el proceso está controlado cuando cada componente que sale recibe esa misma intensidad y esa misma cobertura. Para el detalle de qué son la intensidad Almen y la cobertura, ver el informe de introducción al shot peening.

Cómo se controla en un equipo CYM

En un equipo CYM, ese control son sistemas concretos. Los parámetros de proyección se monitorean y se mantienen fijos: el caudal de granalla de forma permanente, la velocidad de giro (RPM) en los equipos de turbina, y la presión y el caudal de aire en los de aire comprimido. Pero hay una variable que un proceso «a ojo» nunca controla: el estado del propio abrasivo. Una granalla degradada o con exceso de finos cambia el resultado aunque los demás parámetros estén fijos. Por eso el equipo integra un sistema de limpieza y clasificación que mantiene estable el Mix Operativo —la mezcla de trabajo— durante todo el ciclo. En su versión automática, el sistema regula la formación de la cortina de granalla y controla el flujo de aire, con aviso en la HMI ante cualquier desvío. En los equipos de aire comprimido, además, se suman tamices vibratorios que clasifican la granalla dentro de un rango granulométrico determinado. A eso se agregan el tiempo de ciclo, el movimiento controlado de la pieza o del robot y la reposición de granalla. Todo queda registrado por pieza o por lote.

Por qué automático

La automatización es lo que convierte «granallar» en «granallar según especificación». Un proceso manual depende del operario: su pulso, la distancia y el ángulo de la boquilla, el cansancio, el turno. Esa variabilidad es tolerable en una limpieza superficial, pero no en shot peening, donde una zona con menos cobertura o menos intensidad queda sin la capa de compresión residual y se vuelve el punto por donde inicia la grieta. Lo que en una limpieza es un defecto estético, en una pieza de fatiga es el origen de la falla.

No es shot peening: es granallado

El shot peening controlado no es una exigencia burocrática ni el requisito de una norma en particular: es lo que distingue al shot peening del simple granallado. Si la intensidad y la cobertura no están medidas, fijadas y no se pueden repetir pieza a pieza, no hay shot peening: hay granalla impactando una superficie sin garantía de resultado. Las normas del sector, como la AMS 2430 en aeronáutica y automoción, no inventan ese requisito: lo formalizan, exigiendo que el proceso sea automático, controlado y trazable. Por eso, en componentes donde la fatiga define la vida útil, un proceso manual o «a ojo» no es una versión más económica del shot peening: es otra cosa.

CONCLUSIÓN

Lo que no se controla, no se puede garantizar

En piezas donde la fatiga define la vida útil, el shot peening no admite el «a ojo». La diferencia entre una pieza bien peenada y una mal peenada es invisible hasta que falla, y para entonces ya es tarde. Un proceso automático y controlado no elimina esa incertidumbre por fe: la elimina midiendo, fijando y registrando. Como fabricante, CYM diseña equipos que aseguran resultados repetibles de intensidad y cobertura; el desempeño final a fatiga depende además del material, el tratamiento térmico y el diseño de la pieza, pero el equipo garantiza aquello que sí está bajo su control, de forma repetible y trazable. Ese es exactamente el terreno donde un proceso manual no puede competir.

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